Tecnología en 2026: satélites, IA en casa, energía y pantallas que redefinen el día a día
En 2026, la tecnología se despliega en múltiples frentes: desde la órbita hasta la cocina, pasando por dispositivos icónicos y movimientos en el tablero político. Cada tema, por separado, ya habla de una misma idea: la tecnología funciona mejor cuando la infraestructura, el costo y las decisiones humanas se alinean.
En el espacio, un titular señala que Starlink moverá 4.400 satélites para evitar un desastre de basura espacial. Este detalle, por modesto que parezca, ilustra hasta qué punto la gestión de activos orbitales y la seguridad en la exploración espacial se ha convertido en una prioridad para actores con intereses y ambiciones a gran escala.
En el mundo de los dispositivos, Casio renueva su reloj más mítico centrando el cambio en una única mejora para hacerlo perfecto: sin pantalla táctil ni Bluetooth. Este enfoque, tan sobrio como específico, subraya que a veces el éxito está en una optimización bien medida y no en una reingeniería completa.
La inteligencia artificial también aparece con voz propia en casa: una noticia señala que, si la IA se estresa, puede volverse racista y tóxica. Ese recordatorio subraya que el diseño de sistemas inteligentes no es solo una cuestión de capacidades, sino de control, seguridad y contexto humano.
El ecosistema de hardware de consumo continúa expandiéndose. En el CES 2026, Anker mostró su contundente presencia con cargadores, robots aspiradores, auriculares inalámbricos y más, mientras SVS Audio presentó una propuesta de sonido que promete escuchar mejor sin molestar. Esos movimientos hablan de una era en la que la experiencia se cuida desde el apartado de entrada, con baterías, altavoces y sensores que resuelven problemas cotidianos sin complicaciones.
En el terreno energético, las señales en 2025 son alentadoras en la transición climática. China mantiene prácticamente planas sus emisiones de CO₂ durante alrededor de un año y medio, con indicios de descenso, mientras su economía sigue creciendo. Entre enero y septiembre de 2025, la capacidad solar añadida estuvo en torno a 240 gigavatios y la eólica en unos 61 gigavatios, según análisis de Carbon Brief, consolidando una infraestructura renovable a escala nacional. Una cosa conduce a la otra: si la energía solar y eólica crecen, la batería y el almacenamiento de energía se vuelven clave para equilibrar la red.
En Estados Unidos, el despliegue de baterías conectadas a la red avanzó por encima de los 40 gigavatios instalados —un hito que, según BloombergNEF, también vino acompañado de caídas en los precios de las baterías—, abriendo usos que antes no encajaban en la contabilidad. En redes donde la penetración de baterías crece, como California y Texas, estas instalaciones permiten cubrir la demanda al atardecer y reducir la dependencia de centrales de gas, traduciendo ese cambio en una red más estable y menos volátil. La IA y la demanda de datos para centros de procesamiento también empujan la necesidad de electricidad constante, con proyecciones de crecimiento hasta 2030.
Para mantener esa constancia, varias vías se han mostrado viables: geotermia y energía nuclear ganan tracción. Meta firmó un acuerdo para adquirir hasta 150 megavatios de electricidad de una planta geotérmica, mientras Google trabajó en la reapertura de una central nuclear en Duane Arnold Energy Center, en Iowa. Estas decisiones no garantizan una descarbonización automática, pero aceleran permisos, cadenas de suministro y aprendizaje industrial cuando actores con músculo financiero se comprometen.
La conversación climática también recuerda que el objetivo global de evitar 2 °C de calentamiento para 2100 no está asegurado; la trayectoria actual, estimada por Climate Action Tracker, sitúa el calentamiento alrededor de 2,6 °C en 2100, con ventajas frente a rutas anteriores de 3,6 °C, pero sin una nueva ola de acción que impulse a 2 °C de forma sostenida. En otras palabras, la tecnología existe, pero hace falta despliegue, normas e incentivos para que esa caja de herramientas permita resultados reales a escala.
Más allá de los números, estas historias muestran que la transición tecnológica no depende solo de una “tecnología milagrosa”, sino de repetir, escalar y sostener lo que ya funciona: infraestructuras, costos razonables y decisiones políticas o corporativas que pongan la sostenibilidad en el centro de la estrategia. En ese marco, los próximos años podrían verse menos como la aparición de una novedad y más como la ampliación de lo ya probado, con más gente y más empresas tomando decisiones que traduzcan la innovación en resultados palpables.
En el plano geopolitico, la conversación internacional también se cuela en el tema tecnológico. Dinamarca y Groenlandia pidieron respeto a la integridad territorial ante el debate generado por imágenes difundidas en redes y por la retórica de un actor internacional, recordando que la defensa de derechos y territorio no debe depender de símbolos ni de redes sociales. La cautela en este frente resalta la necesidad de governance y cooperación para evitar que tensiones estratégicas complicadas entorpezcan avances tecnológicos que afecten a comunidades reales.
Por último, los próximos meses traen noticias de consumo directo que también importan. Una Smart TV Samsung de 75 pulgadas, la TU75U7025FKXXC, está en oferta con un descuento de 600 euros y un precio final de 599 euros, destacando su resolución 4K y la posibilidad de escalar imágenes gracias a la tecnología de 4K Upscaling impulsada por IA. Aunque el ahorro en un producto de gran formato no cambia el paisaje tecnológico, es un recordatorio de cómo las mejoras en IA y procesamiento audiovisual se traducen en experiencias cotidianas más envolventes y más accesibles para quienes aprecian una pantalla grande en casa.
Si miramos hacia delante, estas piezas dibujan un mapa en el que la magia de la tecnología no descansa en una sola área, sino en un mosaico de avances que se refuerzan entre sí: la gestión de satélites para la seguridad espacial, la optimización de electrodomésticos con IA para reducir facturas domésticas, la expansión de energías renovables y almacenamiento para una red más estable, y la presencia cada vez más contundente de pantallas de gran formato como parte de una experiencia de consumo más rica y eficiente. Y, al final, quizá lo más humano sea sentir que, pese a la complejidad, la tecnología sigue siendo una aliada para entender y mejorar nuestro día a día.