Quien controla el software: soberanía digital, IA y seguridad en contratos inteligentes
En una era en la que el poder ya no se mide solo en metal sino en líneas de código, redes y firmas digitales, el control sobre el software que sostiene nuestras herramientas define quién puede actuar cuando las tensiones escalan. Cinco historias recientes dibujan un mismo mapa: la tecnología avanza, pero la capacidad de acción depende de una arquitectura y de una gestión de ecosistemas que no siempre está en nuestras manos.
En defensa, Europa enfrenta la realidad de depender de un ecosistema tecnológico administrado desde Estados Unidos. El F-35 no es un dispositivo para “jailbreak” como un teléfono; su software está firmado, las actualizaciones llegan en entornos cerrados y su integridad depende de claves, hardware de confianza y una infraestructura que valida cada actualización. El verdadero núcleo del problema no es un hackeo directo, sino sostener el avión fuera del ecosistema ODIN, la red logística y de datos que gestiona mantenimiento, planificación de misiones y archivos de amenazas, en gran medida controlada desde EE. UU. Desconectarlo no lo apaga de inmediato, pero inicia una pérdida progresiva de capacidades que lo coloca ante una amenaza de relevancia decreciente frente a desafíos modernos. A ello se suma que el conjunto de plataformas europeas depende de proveedores y sistemas estadounidenses para comunicaciones seguras, análisis de datos y mando y control. Si se rompe ese back-end, los efectos podrían ser operativos y estratégicos. En resumen, quien controla el software, controla la capacidad.
En el mundo de consumo avanzado, Apple dibuja un futuro donde la IA está más integrada en la experiencia diaria. Visual Intelligence es una faceta de Apple Intelligence que funciona como un “Google Lens” propio, con funciones para traducir letreros, añadir eventos al calendario al enfocar un cartel y reconocer objetos o entornos. Está disponible en los iPhone 15 Pro y posteriores, con acceso rápido en iPhone 16 y siguientes. Tim Cook ha destacado el potencial de estas capacidades, y Apple ha sellado una colaboración con Google para que los modelos Gemini también alimenten las herramientas de Apple Intelligence. Aunque Siri ha enfrentado retrasos, la visión es que la IA complemente la experiencia sin quitar protagonismo al dispositivo. Además, se anticipa un ecosistema con gafas, AirPods y otros dispositivos que actúen como ojos y oídos para la IA, enriqueciendo la interacción diaria.
En el plano de la IA y la seguridad, Anthropic acusa a varias firmas chinas de reutilizar su modelo Claude para entrenar sistemas propios mediante distillation, una técnica de entrenamiento que, en este caso, se habría usado de forma impropia para extraer capacidades sin coste de desarrollo. Las acusaciones señalan la creación de miles de cuentas falsas para interactuar con Claude, violando términos de servicio y restricciones geográficas. Este tipo de prácticas podría dar lugar a modelos sin salvaguardas adecuadas, abriendo riesgos de vigilancia, censura o desinformación si se emplean en sistemas sin control. La noticia se suma a otras situaciones similares denunciadas por OpenAI y subraya tensiones sobre controles de exportación de chips y el uso responsable de modelos de IA.
El mundo del entretenimiento técnico también nos muestra la interdependencia entre software y hardware. Death Stranding 2: On the Beach llega a PC con una batería de requisitos y opciones que demuestran cómo la experiencia óptima depende de una arquitectura de software que aprovecha tecnologías de escalado. El juego ofrece presets que cubren desde resoluciones modestas hasta 4K con soporte para DLSS 4, AMD FSR 4 e Intel XESS 2, además de un nuevo escalado llamado PICO, disponible para tarjetas modernas y compatible con varias configuraciones de generación de fotogramas. También se ofrece soporte para relaciones de aspecto ultrapanorámicas 21:9 y 32:9, incluso para monitores 16:9, con actualizaciones que traerán características para portadores de PS5 al jugar en PC. Todo ello subraya que una experiencia de juego de alto rendimiento depende tanto del motor como de la integración de herramientas de escalado y del hardware compatible, recordándonos que el software decide el rendimiento cuando el hardware facilita la ejecución.
En el terreno de la seguridad de contratos inteligentes, OpenAI y Paradigm presentan EVMbench, un marco abierto para evaluar si modelos y agentes de IA pueden encontrar, corregir y explotar fallos en contratos compatibles con la Ethereum Virtual Machine. El conjunto inicial cubre 120 vulnerabilidades identificadas a partir de 40 auditorías, con escenarios que simulan tareas de detección, parcheo y explotación en entornos containerizados. La evaluación de exploits mostró que GPT-5.3-Codex alcanza un 72,2% frente al 31,9% de GPT-5, destacando que la explicitud y verificabilidad de las metas elevan el rendimiento de los agentes. Además, se anuncian salvaguardas y créditos de API para acelerar la defensa cibernética, incluyendo un compromiso de 10 millones de dólares para apoyar software open source e infraestructuras críticas. El marco también enfatiza la necesidad de pruebas reproducibles y verificación on-chain en entornos como Anvil para evitar trampas y garantizar resultados confiables.
Tomadas en conjunto, estas historias dibujan un mapa claro: el software ya decide capacidades, resiliencia y riesgos. La soberanía digital dejará de ser un concepto abstracto cuando las cadenas de suministro de código, las firmas criptográficas y las actualizaciones controlen si una nación, una empresa o un usuario puede actuar con seguridad y eficiencia. En defensa, IA y entretenimiento, la lección es la misma: el control del software no es solo una cuestión de innovación, sino de arquitectura, gobernanza y defensa frente a usos maliciosos o fallos catastróficos. El camino está en fortalecer arquitecturas abiertas, salvaguardas robustas y colaboración responsable para ampliar capacidades sin perder el control.