IA en expansión, inversiones masivas y viajes a la Luna: cómo la tecnología redefine 2026
La conversación sobre inteligencia artificial ya no es solo una cuestión de titulares: está moviendo montañas de inversión, alimentando infraestructuras y empujando a grandes tecnológicas a mirar más allá de sus propios microcosmos. Según Jensen Huang, CEO de NVIDIA, la inversión en IA es necesaria y adecuada porque se está formando una infraestructura única en una generación. Afirma que quedan siete u ocho años de escalada sin freno y que el gasto en centros de datos para IA continuará, alimentando una carrera que solo empieza a despegar.
El relato no es solo de una empresa: las Big Tech estadounidenses podrían superar los 400.000 millones de euros en IA durante 2025, y para este año se proyecta que la cifra alcance los 650.000 millones. Entre Amazon y Alphabet se espera invertir alrededor de 385.000 millones. En este tablero, la pregunta no es si se invierte, sino hasta dónde llega el ritmo de esa inversión y cuánto de ello se destina a componentes críticos como memorias y procesadores para las infraestructuras de IA.
El impulso no se limita a hardware: empresas como Micron están ampliando instalaciones para ampliar su capacidad en el segmento de RAM, mientras que Intel, a través de Lip-Bu Tan, señala que la crisis de componentes no se ve con horizonte hasta 2028 como mínimo. En este ecosistema, sin embargo, el crecimiento no se mide solo en dólares: se ve también en la manera en que estas inversiones reconfiguran cadenas de suministro y modelos de negocio de la industria tecnológica.
Mientras la inversión en IA sigue su curso, se advierten efectos en el día a día. El gasto masivo se sostiene no solo por presupuestos sin control, sino por la necesidad de potencia de cómputo para alimentar modelos cada vez más capaces. Y en ese viaje, la tecnología de memoria y semiconductores se posiciona como motor, más que como accesorio, de una infraestructurа que se visualiza como “única en una generación”.
En paralelo, la conversación sobre la IA no está exenta de dilemas. China, por su parte, apuesta por una combinación de IA, robótica y una red de semiconductores que apunta a la soberanía tecnológica, mientras que en Estados Unidos se fortalecen iniciativas para ampliar capacidades en áreas como la memoria DRAM, con socios estratégicos que buscan no perder ventaja en esta carrera de fondo.
La pregunta que emerge es simple y compleja a la vez: ¿cuál es el costo para el usuario? Aunque las grandes inversiones impulsan avances, no todo se traduce en PCs más baratos o accesibles; al contrario, los esfuerzos se enfocan en centros de datos y componentes clave para la IA, que pueden no impactar de inmediato en el día a día del consumidor medio. Aun así, el impulso de la IA y la infraestructura que la sostiene seguirá marcando el ritmo de innovación durante varias temporadas.
En este contexto, la tecnología de consumo también busca optimizar su uso práctico. Un ejemplo es la batería de los smartphones: si bien la carga nocturna es conveniente, la gestión inteligente de la energía se está volviendo una prioridad para alargar la vida útil de la batería sin exigir disciplina diaria. En particular, las configuraciones modernas permiten fijar límites de carga y gestionar la energía de manera más eficiente, reduciendo la exposición a temperaturas altas y a cargas constantes al 100% cuando no son necesarias.
Hablando de avances audaces, el espacio no se queda fuera. SpaceX ha mostrado planes ambiciosos para la exploración lunar: según las declaraciones recientes, viajar a la Luna podría hacerse posible para cualquier persona dentro de menos de 10 años. Frente a esa facilidad, viajar a Marte sigue siendo más complejo y tardío, con estimaciones que señalan que una ciudad en la Luna podría ser prioritaria por ser más rápida, con viajes que podrían ocurrir cada 10 días y durar unos dos días en el trayecto, frente a los seis meses de viaje a Marte en condiciones actuales. La visión de SpaceX incluye además la construcción de una ciudad autocreciente en la Luna y la continuidad de los vuelos de prueba de Starship para hacer realidad estas misiones más allá de la órbita terrestre.
En otro frente tecnológico, el email marketing sigue evolucionando hacia una personalización cada vez más profunda. Las plataformas modernas ya no se limitan a insertar el nombre del suscriptor; aprovechan datos de comportamiento, historial de navegación y decisiones de compra para diseñar correos que parecen escritos para cada receptor. Las cifras son contundentes: los emails con alto grado de personalización pueden aumentar las tasas de apertura en hasta un 29% y las tasas de clics en más de un 41% frente a campañas genéricas, consolidando la personalización como una palanca competitiva cuantificable.
Sin embargo, no todo es progreso sin sombras. Ring presentó «Search Party», una función que promete buscar mascotas en el barrio a través de IA, pero ha despertado críticas sobre privacidad: no se explican claramente qué datos se procesan, qué cámaras participan ni qué salvaguardas existen frente a usos indebidos o acceso por parte de autoridades. Mientras para Ring es una mejora de utilidad, para muchos es una infraestructura de rastreo a gran escala que plantea serias inquietudes sobre la vigilancia en entornos residenciales.
La convergencia de estos avances —IA como columna vertebral de la infraestructura tecnológica, dispositivos que cuidan la energía en el día a día y sueños tan ambiciosos como una ciudad lunar— dibuja un 2026 que exige equilibrio. Por un lado, aparece la promesa de un progreso que puede beneficiar la eficiencia, la personalización y la exploración; por otro, emergen dilemas de energía, seguridad y privacidad que requieren atención cuidadosa. Al final, el ritmo del progreso dependerá de nuestra capacidad para traducir estas innovaciones en beneficios claros para las personas, sin perder de vista los límites éticos y la responsabilidad compartida.
En definitiva, la industria tecnológica atraviesa una etapa de crecimiento acelerado y experimentación, con apuestas que van desde el hardware de precisión para IA hasta experiencias de usuario más inteligentes, viajes espaciales más asequibles y una publicidad más personalizada. Todo ello, en un marco donde la salud de la batería del día a día y la protección de la privacidad siguen siendo señales clave de calidad y confianza para el usuario final.
La pregunta de fondo: ¿cómo equilibramos el impulso tecnológico con la seguridad, la energía y la confianza del usuario? Esa respuesta se empezará a forjar en los próximos años, a medida que las inversiones se traduzcan en soluciones concretas para la vida diaria y para la exploración de lo desconocido.
Fuentes cruzadas y puntos de vista variados sostienen que la IA no es un modismo, sino una infraestructura en construcción. Y mientras tanto, cada usuario puede aprovechar configuraciones prácticas —como la gestión inteligente de la batería en los dispositivos móviles— para optimizar su experiencia diaria, sin perder de vista los debates de privacidad que vienen con cada avance tecnológico.