La frontera tecnológica se está expandiendo fuera de la atmósfera. China está probando inteligencia artificial en el espacio y abre un nuevo frente tecnológico.
Detrás del titular hay un capítulo de ingeniería: la refrigeración de un satélite es especialmente desafiante porque no existe convección. La transferencia de calor se produce principalmente por radiación, y las superficies de disipación pueden ser 10 a 40 veces mayores que en tierra para mantener las cosas a temperatura operativa. Además, el reto de evacuar calor de Rincones distantes de la estructura y la presencia de paneles solares complican aún más el diseño.
En paralelo, la NASA ha liberado en GitHub una IA que ha encontrado 7.000 mundos en su primera prueba, ilustrando cómo estas herramientas pueden acelerar el descubrimiento astronómico y la exploración de exoplanetas.
Estos dos ejemplos muestran una tendencia: la IA ya no está circunscrita a software en la Tierra; está interviniendo en operaciones espaciales y en la detección de nuevos mundos, empujando límites de infraestructura, datos y gobernanza de tecnologías avanzadas.
El paisaje tecnológico espacial se va volviendo más interconectado, con IA como motor para acelerar investigación y despliegues, y con la pregunta de cuánto podrá escalar la infraestructura necesaria para sostenerlo.