Hoy la IA ya no es solo un tema de laboratorio: es motor de estrategia para empresas que buscan eficiencia, crecimiento y una ventaja competitiva. OpenAI ya planea duplicar su plantilla para finales de 2026, pasando de unas 4.500 a cerca de 8.000 empleados para acelerar ventas a empresas y ganar terreno frente a Anthropic. La compañía anunció también una ampliación de su presencia en San Francisco, con más de 93.000 m2 de oficinas, y está potenciando la contratación de especialistas para desarrollo de producto, ingeniería, investigación y ventas. Junto a ello, ha creado la figura de “embajadores técnicos” para ayudar a las compañías a sacar más partido a sus herramientas.
Este impulso no ocurre en un vacío. En el frente de adopción empresarial, Ramp reporta que entre sus más de 50.000 clientes, las empresas que compran IA por primera vez eligen Anthropic con mayor frecuencia que OpenAI; una lectura que OpenAI cuestiona: asegura que basar la cuota de mercado en datos de tarjetas de crédito es una simplificación errónea. Aun así, la carrera por el dominio empresarial sigue acelerándose.
En una estrategia de reorganización para competir en ventas y soluciones empresariales, OpenAI ha trabajado en alinear su negocio con un enfoque de productividad. A finales del año pasado, Sam Altman activó una alerta para que la empresa se centrara en su producto principal, ChatGPT. A inicios de este mes, Fidji Simo, directora del negocio de aplicaciones, pidió poner el foco en el modelo de codificación Codex, captar clientes corporativos y convertir ChatGPT en una herramienta de productividad. También se ha contemplado un joint venture con firmas de capital privado para desplegar productos en compañías participadas por esas firmas. En este marco, OpenAI espera que, para finales de año, la mitad de sus ingresos proceda de clientes empresariales, frente al 40% actual.
Este giro hacia el negocio empresarial se enmarca en un entorno donde tanto OpenAI como Anthropic siguen buscando rentabilidad y mayor penetración de clientes, mientras Google intensifica su competencia. La presión por reducir costes, aumentar ingresos y acercarse a la rentabilidad se suma al reto de escalar ventas a gran escala y personalizar modelos para empresas, tal como ya sucede cuando se integran herramientas de codificación y productividad como Claude Code o Codex.
Más allá de las grandes plataformas de software, la IA entra con fuerza en el diseño de ecosistemas. Lenovo, por ejemplo, está defendiendo una visión de IA local y contextual, capaz de operar sin salir de los dispositivos. Su apuesta se materializa en Qira —antes denominada Kira—, una capa de IA que se despliega en más de veinte dispositivos de la casa (ThinkPad, Yoga, Legion, IdeaPad, y, pronto, Motorola). El objetivo: una IA que sepa quién eres, qué haces y dónde lo haces sin trasladar esa información a la nube. Parte de la estrategia es crear el AI Ecosystem Group para unir hardware y software y avanzar hacia una IA ambiental que pueda, por ejemplo, vectorizar y archivar documentos localmente para consultar preguntas desde el móvil, sin exponer datos fuera del PC.
La visión de Lenovo va más allá del software: el AI Work Companion, un robot de sobremesa con sensores y voz, demuestra que la IA puede escuchar contextos, tomar notas y proponer acciones sin requerir instrucciones explícitas. Si Se logra que Qira funcione de forma fluida entre Windows y Android, en hardware y en nube, se abriría una brecha difícil de replicar para quienes operan solo en software puro.
En otro frente práctico para la empresa, Claude de Anthropic llega a Excel como extensión. Claude by Anthropic for Excel permite invocar a la IA para crear, revisar o editar hojas de cálculo. La extensión se activa desde Microsoft Marketplace, se vincula la cuenta de Claude y, tras un periodo de beta, ofrece una columna de chat dentro de Excel para realizar acciones con lenguaje natural. El equipo advierte que no todas las páginas de Excel son soportadas y que podrían existir comandos maliciosos, por lo que conviene usar primero una copia duplicada de la hoja. Esta integración empresarial de Claude, junto a herramientas como Codex, subraya la tendencia de convertir la IA en una plataforma de productividad dentro de oficios y procesos cotidianos de negocio.
La historia de Windows aporta otra lección sobre el ADN de producto en un entorno de IA: la inconsistencias de la experiencia de usuario no se deben solo a fallos técnicos, sino a decisiones organizacionales a lo largo de décadas. Según Jeffrey Snover, creador de PowerShell, Windows ha sufrido una desalineación entre equipos —Windows y .NET—, y la adopción de múltiples capas como OLE, COM y ActiveX acabó complicando el desarrollo. Proyectos ambiciosos como Longhorn y su WPF terminaron reiniciándose; luego llegaron Silverlight, Metro y UWP sin consolidarse. Hoy conviven el Panel de Control clásico y la Configuración moderna, con variaciones de diseño entre bordes y estilos, y sin una visión unificada que conecte todas las piezas. Este relato recuerda que la tecnología no avanza solo con potencia, sino con una coherencia de experiencia que resiste la fragmentación.
En definitiva, las lecciones de 2026 muestran un escenario en el que IA, hardware y experiencia de usuario deben avanzar a la par. Un ecosistema que combine IA local y en la nube, herramientas empresariales cada vez más inteligentes y una UX consistente tendrá más probabilidades de prosperar. Si las compañías logran unir productos, datos y talento sin perder la privacidad ni la simplicidad operativa, las herramientas de IA dejarán de ser un lujo para convertirse en una base real de productividad diaria.