IA, consolidación y confianza: de NVIDIA-Groq a la consciencia, imágenes sintéticas y la energía de los centros de datos
En un momento en que la inteligencia artificial amplía su alcance, cinco noticias de finales de 2025 muestran un mismo pulso: innovación feroz, estrategias de negocio que redefinen quién controla qué, y preguntas sobre cómo mantenemos la confianza en una era de máquinas cada vez más capaces.
Primero llega una noticia que parece sacada de una novela de estrategia corporativa: NVIDIA habría pagado 20.000 millones de dólares por activos de la startup Groq, presentándolo como un acuerdo de licencia. En la práctica, muchos lo interpretan como una adquisición encubierta que refuerza el control de NVIDIA sobre tecnología de inferencia para IA.
En la ejecución de la operación, el CEO y cofundador de Groq, Jonathan Ross, pasaría a trabajar para NVIDIA, al igual que Sunny Madra y otros altos directivos; Groq, por su parte, seguiría operando como una entidad independiente liderada por Simon Edwards, que pasó de CFO a CEO. La noticia ha dejado claro que NVIDIA se queda con casi todos los activos de Groq, con una excepción: el negocio en la nube de la propia Groq.
Datos que contextualizan la magnitud: Groq levantó una ronda de financiación de 750 millones de dólares en septiembre y su valoración rondó los 6.900 millones. Participaron inversores como Disruptive y BlackRock, entre otros. Ante la operación, Alex Davis, CEO de Disruptive, señaló que NVIDIA se quedaría con todos los activos de Groq salvo el nuevo negocio en la nube; mientras, un correo interno obtenido por CNBC recoge a declaraciones del CEO de NVIDIA, Jensen Huang, afirmando que, a pesar de incorporar talento, no están adquiriendo Groq como empresa.
Más allá de la operación corporativa, la noticia invita a pensar en el papel de la IA en el ecosistema actual: ¿hasta qué punto una estrategia de licencias puede equivaler a una adquisición y qué impacto tiene eso en la competencia y la innovación?
Pero la discusión no se limita a negocios y mercados. La literatura reciente sobre IA también nos invita a cuestionar límites y responsabilidades. Antonio Damasio, en su nueva obra Inteligencia natural y la lógica de la consciencia, plantea que la consciencia emerge de la interacción entre cerebro, mente y cuerpo, y advierte que la homeostasis funciona como un muro biológico que, por ahora, dificulta que las máquinas alcancen una consciencia similar a la humana. En su visión, la IA no debe verse como sustituto de la experiencia humana, sino como una herramienta que convive con nosotros, sin demonizarla ni culparla de las limitaciones humanas.
Otra cara de la moneda es la confianza del consumidor ante las imágenes generadas por IA. Aunque estas herramientas permiten campañas visuales rápidas y de bajo costo, estudios señalan que, en decisiones de alto compromiso emocional, las imágenes sintéticas pueden disminuir la intención de compra y la recomendación. La autenticidad sigue siendo crucial cuando la experiencia y la emoción están en juego, y la transparencia se presenta como el camino para mantener la credibilidad en una era de contenidos creados por máquinas. En este marco, es relevante mencionar avances en atención al público, como Hobbs W1, un robot desarrollado por una empresa china para interactuar y asistir en espacios públicos, lo que demuestra que la IA puede reforzar la interacción humana en contextos reales cuando se integra como apoyo creativo y no como sustituto definitivo.
En otro eje, la conversación tecnológica mira al suministro de energía para centros de datos impulsados por IA. Una iniciativa de la división HGP Intelligent Energy propone reutilizar dos reactores nucleares retirados de la flota naval de Estados Unidos para un suministro civil estable. El planteamiento estima entre 450 y 520 megavatios de electricidad continua, con costos de entre uno y cuatro millones de dólares por megavatio y entre 1.800 y 2.100 millones de dólares en infraestructura privada. El plan, ligado a la Genesis Mission, busca acelerar la disponibilidad de potencia de base frente a calendarios de construcción de grandes centrales civiles, aunque plantea preguntas regulatorias y de operación entre agencias y estándares de seguridad, dada la trayectoria de reactores militares hacia uso civil.
El ámbito espacial también aporta ejemplos de IA aplicada a la autonomía: en la Estación Espacial Internacional, un equipo de la Universidad de Stanford demostró que un sistema de navegación basado en aprendizaje automático puede orientar con seguridad y eficiencia a un robot llamado Astrobee. El enfoque combina un método tradicional de optimización con un modelo de IA para un arranque cálido (warm start), reduciendo el tiempo de planificación de trayectorias. En pruebas terrestres y en la EEI, se evaluaron 18 trayectorias, y el uso de IA aceleró la planificación entre un 50 y un 60 por ciento, especialmente en espacios estrechos o con giros complicados. Este logro alcanzó el Nivel de Preparación Tecnológica 5 de la NASA, con enfoque en misiones futuras hacia la Luna o Marte, y se apoya en colaboraciones entre Stanford, CAESAR y el Johnson Space Center de Houston.
En conjunto, estas noticias dibujan una imagen de la IA que no es solo software: es hardware, energía, regulación y confianza social. La consolidación de actores podría acelerar la capacidad de IA para resolver problemas complejos, desde la atención al cliente en público hasta la energía necesaria para centros de datos y la autonomía de robots en entornos extremos. Pero también subraya la necesidad de estándares, transparencia y responsabilidad para evitar que la velocidad eclipsa la seguridad y la legitimidad. En esta etapa, enseñar y recordar que la tecnología debe servir a las personas, y no viceversa, puede ser tan importante como cualquier avance técnico.
Al mirar hacia adelante, la pregunta que queda en el aire es cómo equilibrar innovación y gobernanza: ¿cómo aprovechar la eficiencia y la escalabilidad de estas tecnologías sin perder la confianza de usuarios y reguladores, y sin sacrificar el control humano en decisiones críticas?