En el ecosistema de tecnología actual, las apuestas en IA van de la mano con la realidad operativa. Dos meses después de anunciar un acuerdo por 300.000 millones entre Oracle y OpenAI, la historia no es la de un milagro sino la de una prueba de fuego para el modelo de negocio de la IA y la infraestructura que la sostiene.
Oracle ha ligado su futuro a OpenAI con el objetivo de convertirse en el principal proveedor de infraestructura para el laboratorio de IA más valioso del mundo. Pero los inversores han mostrado dudas: la valoración de la compañía ha sufrido una caída de aproximadamente 315.000 millones de dólares en capitalización, y la mayor parte de sus ingresos futuros podría depender de OpenAI, según estimaciones citadas en el análisis de la industria. Esta concentración genera preocupación sobre la diversificación y el retorno de la inversión a largo plazo.
Entre los números, destacan un objetivo de 166.000 millones de dólares en ingresos de computación en la nube para 2030 y un presupuesto de inversión de 35.000 millones de dólares en el año fiscal actual, con previsiones que sitúan ese gasto en torno a 80.000 millones para 2029. Sin embargo, a partir de 2027, la mayor parte de esos ingresos provendría de OpenAI, lo que significa que Oracle está construyendo infraestructura masiva para un inquilino único que aún debe demostrar su viabilidad comercial a largo plazo.
La deuda también preocupa: la deuda neta de Oracle ya se sitúa en 2,5 veces su EBITDA, y se espera que casi se duplique para 2030. El flujo de caja libre se mantendría negativo durante cinco años según diversas previsiones. En este contexto, Oracle financia con deuda una granja de servidores de gran escala con la esperanza de que OpenAI genere ingresos suficientes para justificar la inversión, mientras que el coste de asegurar un posible impago se ha elevado a niveles de tres años en el mercado de seguros de crédito.
Este caso es emblemático de una tendencia más amplia: la industria observa con interés cómo la IA está redefiniendo la forma de hacer negocios, pero también cómo las inversiones deben ir acompañadas de pruebas de retorno real y de diversificación para evitar depender de un único cliente o inquilino.
Más allá de Oracle, el ecosistema de IA está influyendo en el rendimiento de otras compañías tecnológicas y en la forma en que se percibe el valor de estas alianzas. El foco ahora está en demostrar, con datos y plazos claros, que la inversión en infraestructura de IA puede generar retornos sostenibles y escalables, sin perder de vista la estabilidad operativa y la gestión del riesgo financiero.
En medio de este escenario, la historia de Oracle ilustra una tensión clave de la industria: la promesa de acelerar la innovación mediante alianzas estratégicas con OpenAI frente a la necesidad de demostrar rentabilidad y diversidad de negocios para mantener la confianza de inversores y clientes por igual.