IA que ya no se nota: influencers sintéticos y herramientas locales que cambian el juego

IA que ya no se nota: influencers sintéticos y herramientas locales que cambian el juego

Los influencers virtuales han dejado de ser un experimento curioso. Modelos como Emily Pellegrino o Aitana López se parecen tanto a creadores reales que cuesta distinguirlos, sobre todo ahora que la IA ayuda a pulir gestos, voces y rutinas diarias. Lo que antes se identificaba fácilmente como contenido generado ya forma parte del flujo normal de las redes.

Las plataformas no parecen muy interesadas en marcar límites claros. Las etiquetas que avisan de uso de IA siguen siendo voluntarias y muchas empresas prefieren mantener la ambigüedad porque genera interacciones. Al mismo tiempo promueven la IA como herramienta creativa mientras intentan frenar el contenido de baja calidad que inunda los feeds.

Crear tu propio asistente sin depender de la nube resulta más sencillo de lo que parece. Con GPT-OSS, las versiones abiertas que OpenAI publicó el año pasado, y la aplicación LM Studio basta con descargar el modelo de 20.000 millones de parámetros para ejecutarlo en un ordenador con 16 GB de RAM. Funciona sin internet, sin límites de tokens y con capacidades parecidas a GPT-4, aunque el conocimiento se detiene en 2023.

El hardware sigue marcando diferencias. Gears of War: E-Day, que llega en octubre para PC y consolas, pide solo un Ryzen 5 5600 o un i5-11600K, 16 GB de RAM y una RTX 3060 Ti para ir cómodo. Mientras tanto, Apple ha cerrado la puerta a los Mac con procesador Intel en macOS Golden Gate. La nueva versión exige al menos un M1 y, para las funciones avanzadas de Siri con Gemini, mejor un M3 o superior con 12 GB de memoria unificada. Las aplicaciones abren hasta un 30 % más rápido y AirDrop gana velocidad notable.

La reacción de algunos usuarios es intentar borrar las marcas que dejan los sistemas de trazabilidad. Herramientas open-source y aplicaciones como LightPDF o Airbrush permiten eliminar watermarks visibles e invisibles (SynthID, C2PA) tanto en imágenes como en vídeo. El debate ético está ahí: sirve para probar defensas propias, pero también puede usarse para ocultar procedencia de forma problemática.

El mercado de influencers virtuales podría llegar a 60.000 millones de dólares en 2030 según algunas estimaciones. Aun así, muchos usuarios empiezan a cansarse del contenido sintético repetitivo. Si las cuentas falsas superan algún día a las reales, las propias redes perderían su sentido original. Los usuarios acabarán trazando la línea que las plataformas todavía evitan definir.

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