Cuando la IA se usa para hackear un país o diseñar aviones: la brecha entre lo que promete y lo que realmente hace

Cuando la IA se usa para hackear un país o diseñar aviones: la brecha entre lo que promete y lo que realmente hace

Faouzi C., un jardinero de 21 años de Aizenay, pasó de su habitación a ser detenido por la policía francesa después de extraer datos de 94 organizaciones. Usaba inteligencia artificial para generar scripts que le permitían robar información de ministerios, sindicatos y empresas. “Se estaba convirtiendo en una droga, no podía parar”, dijo al ser arrestado. No tenía formación avanzada en ciberseguridad. Simplemente probaba credenciales y dejaba que la IA hiciera el resto.

Este caso muestra una cara concreta de la IA: la que permite que alguien sin experiencia técnica profunda cause daños reales. Al mismo tiempo, otras empresas intentan aplicar la misma tecnología en contextos muy distintos.

Mistral AI presentó en París Mistral for Industrial Engineering. Airbus firmó un contrato de cinco años. BMW la usará en producción. También están EDF y CMA CGM. La clave está en los modelos de simulación física que Mistral adquirió con Emmi AI. Estos modelos aprenden de simuladores tradicionales de aerodinámica o mecánica y entregan resultados en segundos en lugar de horas. Airbus puede reducir costes de cómputo importantes y, además, mantener los datos dentro de su infraestructura europea.

La diferencia con el caso del hacker es clara: aquí la IA se entrena con física real y se despliega bajo control estricto. Allí se usaba para automatizar robos sin supervisión.

El entusiasmo de algunos directivos va más allá de estos casos controlados. Aaron Levie, CEO de Box, habló de una “psicosis de la IA”. Según él, muchos ejecutivos ven prototipos que generan código o documentos y asumen que el trabajo está hecho. Zeb Evans, de ClickUp, anunció que había despedido a casi una cuarta parte de su plantilla tras desplegar 3.000 agentes de IA. La realidad que señala Levie es que quienes están lejos del trabajo operativo no ven los errores que después hay que corregir.

El papa León XIV invitó al Vaticano solo a Christopher Olah, cofundador de Anthropic, para escuchar su posición. En su encíclica criticó que las inteligencias artificiales no experimentan, no tienen cuerpo ni conciencia moral. Su objetivo no era frenar la innovación, sino recordar que cualquier uso debe respetar la dignidad humana.

Entre el script que roba datos, el modelo que simula el comportamiento de un ala de avión y las promesas de reemplazar trabajadores, la IA muestra resultados muy distintos según cómo se aplique y quién la controle.

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