Cuando el gasto en IA deja de ser automático
Uber acaba de poner números sobre la mesa. En cuatro meses agotaron todo el presupuesto destinado a Claude Code y ahora cuestionan abiertamente si el gasto en estas herramientas se justifica. Durante dos años el relato fue que había que invertir sin mirar demasiado el retorno, por no quedarse atrás. La realidad está empezando a chocar con ese argumento.
En ese contexto llega DES 2026. El congreso reúne a gente como Randi Zuckerberg, Miguel Escassi de Google España y consultoras como Kimberly Ware para hablar precisamente de cómo medir el impacto real de la IA en los resultados de las empresas. No se trata de promesas futuras, sino de casos concretos de Hijos de Rivera, Securitas o Ilunion Hotels que están intentando escalar estas tecnologías sin que se conviertan en un agujero sin fondo.
Al mismo tiempo, Samsung y Google acaban de presentar en el I/O unas gafas que intentan pasar de gadget a herramienta diaria. No tienen pantalla en los cristales. Tienen altavoces, micrófono y Gemini funcionando en segundo plano. La idea es que el asistente haga gestiones de varios pasos sin que saques el móvil: pedir comida, reservar taxi, traducir conversaciones manteniendo el tono de voz o dar indicaciones de Maps directamente al oío.
El diseño busca que parezcan unas gafas normales, hechas con Warby Parker y Gentle Monster. Para quien ya usa Gemini en el Galaxy, la extensión a un dispositivo que llevas puesto todo el día tiene cierta lógica. Ya no se trata de demostrar que la IA puede hacer algo, sino de que lo haga sin interrumpir lo que estás haciendo.
En paralelo, Samsung sigue enviando parches de seguridad a 28 modelos Galaxy, incluido el S26 Ultra y el S22. Treinta y seis vulnerabilidades corregidas en esta tanda de mayo. Mantiene los dispositivos actualizados, algo que también forma parte del cálculo cuando una empresa decide integrar más IA en su día a día.
El mensaje que empieza a repetirse es que la IA tiene que demostrar valor rápido o deja de tener sentido seguir tirando de presupuesto. Las gafas de Samsung y Google parecen diseñadas precisamente para ese momento: menos espectáculo, más utilidad concreta.