Del gran apagón a la IA: automatización, comunidades y hardware que definen la tecnología en 2026

Del gran apagón a la IA: automatización, comunidades y hardware que redefinen la tecnología en 2026

El año 2025 dejó una marca indeleble en la tecnología: un gran apagón que dejó sin luz a España y Portugal durante 12 horas, y un debate que aún continúa sobre qué falló y qué debe cambiar.

El informe final de ENTSO-E, con 472 páginas, analiza milisegundos del suceso y concluye que la tormenta perfecta fue la combinación de rigidez tecnológica, inoperancia ante crisis rápidas y una infraestructura que no siguió el ritmo de la transición energética.

A las 12:03 se registró una vibración de 0,63 Hz por inestabilidad en los convertidores de plantas renovables; minutos después, a las 12:19, el desequilibrio se amplificó y afectó a todo el continente. La investigación apunta a una “ceguera operativa”.

El documento también señala que gran parte de la generación renovable en España operaba con un “factor de potencia fijo”, lo que provocó que, al subir la tensión, las plantas se desconectaran por seguridad y dejaran de absorber reactiva, generando un efecto rebote. Además, el control de las reactancias se realizaba de forma manual, lo que dejó a los operarios minutos críticos para evaluar la situación.

El informe sugiere que el apagón podría haberse evitado: en la simulación de sensibilidad denominada Análisis 7, si la conexión de las reactancias se hubiera automatizado, se habría limitado la subida de tensión y reducido la cascada. También se muestran escenarios donde medidas ya previstas, como más margen de potencia reactiva y el uso de ocho nuevos condensadores síncronos, habrían evitado el fallo; la red quedó huérfana por la falta de automatización y de apoyo dinámico.

El rescate continental llegó desde Gipuzkoa. A las 12:33, la subestación Osinaga en Hernani detectó el riesgo y un relé de protección fuera de paso cortó la conexión con la subestación francesa Argia. En milisegundos el aislamiento permitió que Francia inyectara energía para rescatar la red peninsular de arriba a abajo, evitando un fallo total en Europa. Este gesto se convirtió en la pieza que logró contener la crisis.

El análisis también aborda la batalla regulatoria y de infraestructuras que siguió al evento. Héctor de Lama, técnico de UNEF, señaló que una planta aislada no puede provocar un apagón y criticó la retribución de 1 €/MVArh como insuficiente para incentivar que las renovables aporten servicios de seguridad a la red. También se cita la demora española para implementar mecanismos como el Procedimiento de Operación 7.4, frente a vecinos como Portugal, que ya avanzaron en regulación para el control de voltaje de renovables.

La industria describe el sistema como una gran mina de oro sin carretera: capacidad de generación barata, pero una red que no recibió la inversión necesaria para sostenerla. Grabaciones filtradas citan a técnicos señalando oscilaciones y poca inercia, pero trabajando con operaciones manuales. En este marco, Iberdrola, Endesa y Red Eléctrica pidieron acceso a miles de audios y correos para demostrar qué ocurrió y quién debe responder ante indemnizaciones, en medio de una polémica que incluye debates sobre seguridad nacional.

Además del fallo puntual, la factura se mide en inversión y costos de operación. Ya se han destinado más de 800 millones de euros a reforzar la red, y se prevé que los peajes y cargos aumenten en 2026. A la vez, se advierte una saturación física de la red por la llegada de grandes centros de datos para IA y un nuevo criterio dinámico de la CNMC. Se habla de 130 GW de generación renovable listos para usarse, pero retenidos por trámites que pueden superar los diez años para una línea eléctrica.

Europa ya ofreció su diagnóstico: España logró sobrevivir al 28 de abril de 2025 gracias al reflejo de un relé en Gipuzkoa y a la respuesta de Francia. En la vida diaria, persisten tensiones políticas y judiciales sobre la factura, y la industria busca respuestas que aún no llegan.

En Greystones, Irlanda, una comunidad ha mostrado otra cara de la tecnología: la campaña It Takes a Village, que impulsa un código voluntario sin smartphones para niños durante la primaria. Nacida en 2023, la iniciativa ya cuenta con el respaldo del 70% de los padres y ha influido en comercios y políticas locales. La idea es mantener a los niños fuera de redes hasta los 12 años para iniciar la educación secundaria con una base emocional adecuada, apoyándose en talleres y redes de ayuda comunitaria. Un reportaje del New York Times y movimientos como Smartphone Free Childhood refuerzan la idea de que la presión social puede cambiar hábitos sin imponer reglas coercitivas.

La campaña destaca que no se trata de oponerse a la tecnología, sino de replantear el momento de su uso. UNESCO y CyberSafeKids respaldan la necesidad de preparar a los niños ante la exposición online, ya que muchos jóvenes muestran ansiedad o han recibido contenidos o contactos no deseados. En Irlanda, el primer teléfono suele llegar a los nueve años, con hermanos menores que acceden antes; la iniciativa busca cambiar ese ritmo a través de una red comunitaria de apoyo.

En el terreno de la seguridad y la conectividad, Samsung actualizó dos Galaxy A con el parche de seguridad de marzo de 2026, corrigiendo 65 problemas de privacidad y seguridad: 60 gestionados por Google en el núcleo de Android y 5 por Samsung para capas específicas de Galaxy. Este tipo de actualización subraya la importancia de mantener seguros los dispositivos en un ecosistema donde IA, rendimiento y conectividad conviven.

En Silicon Valley, la arena política también se cuela en la tecnología. Jeff Dean, jefe científico de Google DeepMind, es una de las pocas voces que critica abiertamente al gobierno de Trump y lo hace públicamente. Dean firmó una carta de apoyo a Anthropic ante una demanda del Pentágono, junto a otros grandes actores tecnológicos. En un entorno históricamente colaborativo, su postura personal contrasta con la línea dominante y recuerda que política e investigación siguen entrelazadas en la industria.

El hardware de IA también tiene un salto hacia aplicaciones profesionales. Slimbook Creative llega como portátil orientado a profesionales y creadores, con un AMD Ryzen AI 9 365 de diez milésimas de rendimiento y 10 núcleos físicos que gestionan hasta 20 hilos mediante SMT, 24 MB de caché L3 y una GPU GeForce RTX 5070 de NVIDIA con 8 GB de VRAM GDDR7 y 4.608 núcleos CUDA. Este conjunto ofrece hasta 789 TOPS para IA y soporta configuraciones de memoria de 16 a 128 GB de RAM DDR5, con almacenamiento desde 500 GB hasta 4 TB por unidad y hasta 8 TB en total. Su pantalla 2,5K de 2560 x 1600 a 180 Hz, la batería de 99 Wh y un peso de 1,9 kg completan un equipo pensado para tareas intensivas. Todo ello en un chasis de aluminio negro, con conectividad avanzada y dos salidas HDMI 2.1 para aprovechar al máximo la potencia de las gráficas integradas y dedicadas; ¿el precio? 1.699 euros de base.

Estas historias muestran que la tecnología de hoy se sostiene en la coordinación entre infraestructuras, normativas y usuarios, y que cada avance trae responsabilidades nuevas para quienes diseñan, regulan y usan estas herramientas. Las lecciones van más allá de las cifras: se trata de comprender cómo automatizar, cómo construir comunidades que acompañen el progreso y cómo seleccionar hardware capaz de soportar la IA en su día a día sin perder de vista a las personas que la crean y la utilizan.

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