Geely llega a España y la nube se vuelve terrenal: cinco hitos tecnológicos de 2026
La tecnología del 2026 se escribe con movimientos conectados entre coches, IA, energía y cultura digital. Geely aterriza en España con su propia marca, un ambicioso despliegue de dos modelos y una red de distribución independiente; al mismo tiempo, OpenAI capta una financiación sin precedentes que redefine alianzas en el sector; y Europa plantea una visión audaz: alimentar centros de datos con geotermia y reciclar su calor para calentar ciudades. Todo ello en un año en el que la frontera entre lo digital y lo físico parece estrecharse cada mes.
Geely llega a España con dos modelos electrificados para el mercado español: el Geely E5, un SUV eléctrico con 160 kW (218 CV) y una autonomía WLTP de hasta 475 km, con dos opciones de batería (60,22 kWh y 68,79 kWh) y una recarga de 20 minutos para pasar del 30% al 80% de autonomía; y el Geely Starray EM-i, un híbrido enchufable con una potencia combinada de 262 CV, motor eléctrico de 160 kW y dos baterías (18,4 kWh y 29,8 kWh) que elevan la autonomía total a 943 km en ciclo mixto; todavía no se especifica su autonomía eléctrica pura. La llegada a España marca el estreno de Geely como marca propia en el país, con una red de concesionarios desarrollada junto a socios con experiencia local y un horizonte para ver estos coches en la calle en el primer semestre de 2026. Parte del impulso procede de Horse, la joint venture con Renault para soluciones centradas en motores de combustión.
La compañía destaca su crecimiento global: en 2024 fue uno de los fabricantes chinos mejor posicionados entre las diez mayores automotrices y, en 2025, alcanzó ventas de 3,02 millones de coches bajo su paraguas, sumando 4,12 millones cuando se incluyen Volvo y Smart. Con España como nuevo escenario, Geely posiciona sus dos vehículos como la puerta de entrada a una estrategia más amplia de marcas propias y de inversión en distribución especializada, apoyada por un enfoque tecnológico y de software enfocado al usuario.
OpenAI y una ronda que traslada el tablero En el frente de la inteligencia artificial, una noticia monumental: OpenAI anunció una ronda de financiación de 110.000 millones de dólares, con Amazon aportando 50.000 millones, y Nvidia y SoftBank poniendo 30.000 millones cada una. Microsoft no participa en esta ronda, pero la relación con la firma permanece coordinada en términos de licencia e integración. Azure continua como proveedor exclusivo de API de OpenAI y la propiedad intelectual de los modelos se mantiene bajo la compañía en Redmond; los ingresos derivados de la alianza con AWS se compartirán con Microsoft según el reparto de beneficios acordado hasta 2032.
Entre los datos más relevantes, Apple no está en la operación, pero sí se mantiene el ecosistema de servicios en la nube: OpenAI firmará con Nvidia una expansión de capacidad con 3 gigavatios de inferencia dedicada y 2 gigavatios para entrenamiento en los sistemas Vera Rubin, los nuevos chips de Nvidia. En paralelo, OpenAI presume de una base de usuarios que ya alcanza casi 900 millones de usuarios activos semanales de ChatGPT y más de 50 millones de suscriptores de pago; Codex ha triplicado su base de usuarios semanales hasta 1,6 millones. Y aunque Microsoft podría sumarse a la ronda, por ahora no forma parte de este anuncio específico, manteniendo su papel en el ecosistema mediante Azure y acuerdos de licencia.
La noticia subraya una tendencia de inversiones entre grandes tecnológicas que buscan reforzar su posición en IA, nube y servicios de alto rendimiento. Ello no solo redefine alianzas, también invita a pensar en el papel de la IA en el desarrollo de software y en cómo se financiará la próxima ola de innovaciones en el sector.
Europa mira hacia una nube más azul y más fría En paralelo, la Unión Europea estudia una simbiosis energética que podría convertir la geotermia en un pilar para alimentar centros de datos y, a la vez, abastecer redes de calefacción urbana. Gracias a las mejoras en Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS), la geotermia profunda ya abre la posibilidad de producir electricidad por debajo de 100 €/MWh y de aprovechar el calor residual de centros de datos para calentar viviendas y edificios públicos. El potencial inmediato se sitúa en torno a 43 GW y 301 TWh anuales, lo que equivale a reemplazar aproximadamente el 42% de la generación eléctrica fósil de la UE.
París, Ámsterdam y Fráncfort se mueven como nodos clave donde la geotermia podría convivir con grandes centros de datos, y ciudades como Helsinki ya han demostrado cómo el calor de los datos puede canalizarse hacia redes urbanas con bombas de calor industriales capaces de alcanzar temperaturas de 85-90 ºC. España no solo observa: ya se plantean inversiones y el país figura entre los que exploran iniciativas para convertir su subsuelo en un recurso estratégico. Las Islas Canarias se perfilan como uno de los laboratorios naturales ante su geografía volcánica, y la idea de localizar centros de datos junto a plantas geotérmicas parece prometer un futuro en el que la nube y la ciudad conviven con menos emisiones y mayor estabilidad energética.
La geotermia ya cuenta con respaldo institucional: a finales de 2024 se aprobó una Alianza Geotérmica Europea para acelerar permisos y financiación; el objetivo es reforzar la seguridad de suministro energético ante la demanda creciente de IA y computación avanzada. Si la geotermia alcanza su techo europeo, la red eléctrica podría ver una transición hacia una generación más constante y menos dependiente de combustibles fósiles, con un impacto directo en cómo se alimentan los servicios digitales que hoy sostienen la economía mundial.
La música y el código en la era de la IA En ámbitos culturales y creativos, las historias de GHOST CONCERT: missing Songs llegan a Japón en abril de 2026. En un mundo donde las canciones las generan algoritmos y las voces humanas pueden quedar silenciadas, la serie plantea el conflicto entre eficiencia y memoria humana. La protagonista Seria Aiba descubre una voz real frente a una IA llamada MiucS, en una narrativa que explora la transformación personal ante una tecnología que parece poder todo, salvo dotar a la música de emoción y memoria. Este proyecto, liderado por Noriyasu Agematsu y dirigido por Masato Jinbo, con la producción de ENGI y Elements Garden, apunta a un duelo entre creatividad humana y producción algorítmica, y a la idea de que cantar puede convertirse en una forma de resistencia.
En paralelo, la conversación sobre IA sigue en otros frentes: el creador de PewDiePie afirma haber entrenado un modelo capaz de competir con ChatGPT en programación, y Netflix apuesta por nuevas historias y formatos con ligas de talento y tecnología que acaban entrelazándose con la producción de IA y los derechos de autor. En este ecosistema, el debate sobre el valor humano frente a la eficiencia de la máquina no es solo tecnológico: es también creativo, ético y social.
Otro hito en la conversación de IA llega con el llamado El último examen de la humanidad, un benchmark de 2500 preguntas desarrollado por expertos de Texas A&M y el Center for AI Safety para retar a los modelos más potentes. Según este análisis, las IA actuales se mueven con una gran capacidad de síntesis, pero aún fallan cuando deben razonar en la frontera de lo desconocido y cruzar conceptos cruzados que combinan matemáticas, física, ética y filosofía. En ese sentido, el experimento funciona como una salvaguarda: si una IA llegara a aprobar, significaría un umbral técnico cercano a la Inteligencia Artificial General. Mientras tanto, la humanidad conserva su capacidad de juicio y creatividad, que todavía no se puede replicar de forma automática.
En conjunto, estas cinco piezas dibujan un 2026 donde coches, IA, energía y cultura se entrelazan para desafiar nuestras ideas de lo posible: la movilidad eléctrica, la nube y su energía, el arte generado por máquinas y la defensa de la profundidad humana ante un paisaje tecnológico cada vez más dominante. Es un año que invita a pensar no solo en el progreso, sino en las decisiones que permiten que ese progreso sirva a las personas y a las ciudades que habitamos.
La lectura de estas noticias deja claro que la innovación no es un solo camino: es una red de inversiones, infraestructuras, historias culturales y pruebas de conocimiento que, juntas, definen cómo entenderemos el papel de la tecnología en nuestras vidas futuras.